Archivos de la categoría Social

Los veganos

Desde hace tiempo tenía pendiente comentar acerca de esta secta, porque para mi eso es lo que son, por la forma de comportarse.

En primer lugar, definamos vegano. No es un extraterrestre venido del sistema Vega, en la constelación de Lyra, ni de un individuo oriundo de las Vegas. Hablo de aquellos veganos que tienen una filosofía de vida, en la que los animales les dan alergia. Bueno, no exactamente, pero así parece. Sigue leyendo Los veganos

Café – Mi nuevo mejor amigo

Antes de empezar a trabajar no bebía café. No porque no me gustase, que en realidad me agradaba poco, sino porque no me provocaba. En mi casa no lo preparaban, y no sentía la necesidad. Posteriormente cuando empecé a trabajar hace un montón de años, me volví un bebedor de café social. Es decir, el cafecito para el break de mañana y tarde para hablar un rato. Y el de la comida. Llegué a beber hasta tres tazas enormes al día. Sigue leyendo Café – Mi nuevo mejor amigo

El día que cambió mi nombre

No se exactamente cuando fue, pero debe haber sido por allá en 2008, al poco tiempo de haberme mudado para España.

No hablo del rollo ese que tengo con mi segundo nombre y mi partida de nacimiento, esa descarga la dejaré para otro momento, hablo de mi primer nombre, Oliver, que de alguna manera mutó en otra cosa cuando me vine a vivir a España.

Lo cierto del caso es que me he dado cuenta que aquí la costumbre es decir los nombres de manera abreviada, así por ejemplo, un José Manuel es Josema, un José María es Chema, un Francisco es Paco,  Santiago –  Santi, Eduardo – Edu, y así pare usted de contar. Es interesante y hasta simpático el asunto, y es que el común denominador al acortar los nombres es reducirlos, de ser posible, a dos sílabas. Los hay más cortos, pero vamos, así ocurre.

Así pues, yo que siempre había sido Oliver a secas, mi nombre bien esdrújulo él, en algún momento pasó a ser Oli. Si, así mismo, O L I, más o menos?. Y lo cumbre del caso es que no me había dado cuenta que era así hasta pasado un tiempo que alguien me dijo, sin conocerme mucho, “¿no te importa que te diga Oli, verdad?“, y fue entonces cuando caí que todos me llamaban por la “versión corta” de mi nombre.

Comenzó con los compañeros del trabajo anterior, en Alicante, donde supongo que la confianza y la gran relación laboral y de amistad que teníamos lo propició, pero luego de venirme a Madrid, sucedió lo mismo, Oli para acá, Oli para allá, y ya está. Los jefes, compañeros, incluso los chicos nuevos a los que entreno me llaman así. Me resulta gracioso y simpático, y ya me he dado cuenta que es un tema sociocultural contra el que no discutiré porque simplemente, así son las cosas.

En fin, algunas cosas que tenía por escribir y aprovecho de hacerlo ahora en la hora del almuerzo antes de empezar la tarde de mi último día de trabajo antes de las vacaciones de Semana Santa que como quiero que empiece para irme de viaje.

Tengo pendiente escribir muchas muchas cosas, pero siempre me da pereza, ya veré si me apetece nuevamente escribir con más o menos frecuenci.

De regreso, por un rato

Exactamente un año y medio después de mi última entrada escribo algo. Espero que no pase otra vez un año y medio para volver a postear. En fin

No es fácil irte de tu país a vivir a otro lado, y uno pensaría que volver es fácil, pero no lo es si a ese lugar al que vuelves es a Venezuela.

Ya hace más de tres años que migré de Venezuela para España, y había visitado una vez el país en las navidades de diciembre de 2009 a 2010. Ahora he vuelto, esta vez por trabajo, pero se aprovecha la oportunidad para visitar a la familia que creo es lo único que me ata al país aún, y debo decir que honestamente no ha sido fácil volver.

Me explico, por motivos de trabajo me ha tocado volver al país a Certificar una aplicación corporativa que se está implantando en varios bancos de la región y como soy Venezolano, pues cuando tocó el momento era natural que saliera elegido, aunque por poco no vengo, eso es otra historia. Total que me toca venir, con gastos pagos un mes a hacer la prueba de certificación de la herramienta, y yo con alegría me dispongo a pasar un tiempito aquí.

Ya desde el momento en que me monto en el avión la cosa se ve mal. Es que cada vez me convenzo más que el principal problema de Venezuela son los venezolanos. En el avión, la gente parece que nunca hubiese tomado “whisky” gratis, porque algunos hasta antes de despega ya se habían pegado 4 tragos, en la cabina un escándalo, un celular con reguetón, otro baboseándose a la azafata con el típico “mami, y para mi no me das más nada?” sin caer en cuenta que en Business todo está incluido, pero es esa gula por lo “gratis que da pena ajena”.

En fin, luego de un vuelo increíblemente incómodo por culpa de la aerolína, Air Europa, llego a Maiquetía y el choque de realidad es horrible. No entraré en detalles porque creo que ya todos sabemos de que va la cosa: Militares mal encarados que amedrentan a la gente, funcionarios de inmigración atorrantes, colas aunque seas Venezolano, 1 hora para recoger el equipaje, en fin. Afuera, nada más salir, los Zamuros preguntándote si vendes euros o dólares.

En fin, que el hecho de uno entrar ya tiene en la frente la estampa de “extranjero o turista tonto” al que todos tienen que explotar

En fin, he visto a la familia y he pasado buenos momentos. Sólo por eso ha valido la pena el viaje. Me alegró muchísimo ver a mis abuelos, y me entristeció mucho más no ver a mi tío Franco, a poco más de un año de su muerte. Las cosas qe uno tiene que asumir cuando emigra. Pasar luego otro fin con mis suegros ha sido chévere también. Ver a mi madre y a mi hermana ha sido priceless, porque a pesar de todo mi familia es esa y es lo que más valoro en este mundo junto a mi esposa.

En fin, alegrías a parte, ya a la segunda semana las ganas de irme no eran normales. ¿Porqué? Empecemos por lo CAAAAAROOO que está todo… he dicho que las cosas están caras? pues si! Carísimas! me sorprende lo caro de todo, y como se lo clavan al consumidor. De pana no se como la gente hace para sobrevivir, porque de pana es eso, sobrevivir, luego la calle, la gente, los malandros, la inseguridad, ya estaba acostumbrado a vivir en comodidad y seguridad y ahora esa zozobra con la que se anda en la calle no es vida.  Nada sirve, las calles hechas un asco. Pensaba que al menos encontraría las cosas igual, pero es cada vez todo está peor, incluído el desabastecimiento y demáses.

En resumidas cuentas, esto ha sido sólo hotel-trabajo-familia y más nada, porque ni pa’la playa provoca ir con lo grave que está todo. Estar aquí me hace sentir pena por lo que han hecho con mi lindo país y me hace sentir afortunado de poder tener a mi familia y criar a mis futuros hijos en un lugar seguro, porque lo que comento, la sensación de sentirse seguro, valga la redundancia, no tiene precio, y aunque echo de menos muchas cosas, ya mi hogar está al otro lado del charco y extraño mi hogar, porque el hogar al final es eso no? el lugar donde estás a gusto con tu familia.

En fin, no salió lo que pensaba escribir pero algo tenía que poner luego de un año y medio sin postear.

 

 

 

Tiempo de Cambios

Durante algún tiempo intenté al menos postear algo una vez al mes en el blog, pero eso fue imposible. Creo que realmente no me sentía motivado a escribir, o cada vez que venía una idea interesante, si no la atacaba en el momento, pues simplemente luego me daba pereza escribirla. Supongo que es lo bueno del microblogging, cosas como el twitter, y demáses, te permite darle salida a esas ideas al momento, no que sea mi caso, igualmente, pero en fin, a lo que iba, que puede que sea extenso, o no, ya veremos como va cuando vaya saliendo

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